Sustentabilidad social: El síndrome de una sociedad callampa

23 Octubre 2020

Los procesos sociales y sus revueltas parecen ser inevitables. El desafío para una sociedad sustentable socialmente es que dicho proceso sea sólo a través de las letras y el papel y no las piedras y el fuego, o llevado al hoy, el modelo y su constitución y no un estallido.

Jorge Oyarce >
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A un año del Estallido Social y luego de leer varias definiciones de sustentabilidad social, tiendo a estrechar dicha definición bajo los parámetros de sostenibilidad. Equidad e igualdad son conceptos frecuentes y constantes para determinar indicadores para ella. Sin embargo al fin del día y de los procesos que hoy son símbolo del epítome de dicha “no sostenibilidad”, como la revolución francesa, el levantamiento comunista chino, la revolución islámica, la haitiana y las europeas de 1848 entre otras.

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Me quedo con la concepción de que lo que sostiene la sostenibilidad no es más que la resistencia del pequeño resorte que evita que una balanza desequilibrada se mantenga horizontal. Y a pesar de que durante los siglos ese resorte se ha hecho más resistente, el único aprendizaje ha sido ese, volver a construir un resorte pero de mejor calidad.

Qué quiero decir con ello, que los procesos sociales y sus revueltas parecen ser inevitables. El desafío para una sociedad sustentable socialmente es que dicho proceso sea sólo a través de las letras y el papel y no las piedras y el fuego, o llevado al hoy, el modelo y su constitución y no un estallido.

A un lado de la balanza está la clase “dominante” y en su contraparte la “prole”, incluso antes, en distintas épocas, movimientos similares ocurrieron asociados a sublevaciones contra lo que hoy concebimos como abusos e incluso inmoralidades, cuando en su momento probablemente eran considerados meras desigualdades. 

¿Cómo es posible que los niños no trabajen dijo perico los palotes en un rincón de la Alameda de Las Delicias a principios del siglo pasado?

Hoy enfrentamos contextos y realidades poco ajenas a ello, podemos alegar diferencias y terminar justificando eternamente las dispares condiciones que enfrenta nuestra sociedad, seguir saciados por el chorreo o insatisfechos por la búsqueda de libertades en un escenario de justicia social. Hoy nuestro ecosistema social y laboral ha rebasado límites de tolerancia en variados ámbitos, solo por mencionar algunos, pensiones, calidad del empleo, salud, vivienda y los que estimes. Todos mencionados como indicadores de sostenibilidad para S. Mackenzie (2004)

La discusión, además, en torno a una carta magna que resguarde garantías sociales u otras definiciones entorno al empleo, su calidad y el tiempo dedicado, hará de los próximos días “salir del clóset” a quienes encontramos en los lados de la balanza y a quienes sostienen o defienden ese pequeño resorte que representa una barrera temporal/generacional/moral que divide la discusión.

¿Cuál es el problema entonces?, a mi juicio es el poder de la democracia. Sí, recordemos que la democracia nace para traspasar el poder de Dios y/o el Monarca al pueblo, sin embargo, con el paso de los años desde el siglo XVIII esta premisa ha pasado a constituir un eufemismo ya que la expresión real ha sido bombardeada por poderes invisibles, no fácticos pero que terminan controlando el día a día como el dueño de la pelota en una pichanga de barrio o el dueño de la billetera en esta metáfora y muchas otras no tan metafóricas.

Pero aquí comienzo a cerrar con el problema, nuestra sociedad está al debe, los argentinos nos golpearon con un ejemplo de empoderamiento ciudadano, alcanzando un 75% de participación electoral, y con un porcentaje de migración que no refleja “la crisis” de los Kirchner, la inoperancia de Macri, la debacle de Maradona, y en realidad cualquier cosa que los sulfure...

Lo que se debiera venir este domingo es un escenario con un electorado con mayor responsabilidad, un electorado y tejido social comprometido con su propia sustentabilidad, su futuro y su ser, su “ser argentino”. ¿Qué somos nosotros entonces? bueno, eso lo sabremos este 25. Donde daremos cuenta de la activación de nuestro tejido social o del deshilachamiento del mismo, sin duda en el que dejemos de ser -en lo político- una sociedad callampa, si y solo si, esto no termine el 25.

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