Lectura Voraz: Detector de metales

10 Diciembre 2020

No es que no haya palabras rudas, pero la historia de amor, juventud y música pesada que une a Ramón y Mónica se narra en un tono de intimidad y cierta nostalgia, como un día nublado en la playa que se va extendiendo por las 114 páginas del libro. 

Daniel Carrillo... >
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A pesar de la potente banda sonora que se cuela entre sus páginas, Detector de metales (Emecé, 2020), la primera novela de Carmen Duarte (Viña del Mar, 1980), parece estar contada a media voz.

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No es que no haya palabras rudas, pero la historia de amor, juventud y música pesada que une a Ramón y Mónica se narra en un tono de intimidad y cierta nostalgia, como un día nublado en la playa que se va extendiendo por las 114 páginas del libro.

“Las rocas eran pegotes, estaban llenas de corazones rayados con las iniciales de gente que nunca más se vio, que se casaron con otras personas y que tuvieron hijos que los odian. Abajo en la arena corrían guarenes entre la basura.”

Situada entre el 2000 y el 2002, entre Viña, Valparaíso y rincones de Suecia y Noruega, la novela revela las contradicciones y sentimientos de esta pareja, que despide los últimos días de la adolescencia y se asoma a la pequeña grieta de una separación breve, pero no por eso menos honda.

Solitarios y en los márgenes, Ramón y Mónica son personajes complejos –él perdió el sentido del olfato tras un accidente, ella tiene un relación difícil con su madre- que encuentran en el metal un esbozo de identidad y pertenencia.

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