¡Sentido Pésame!

Lo único que más queremos una vez que se produce ese fatal desenlace, es “el silencio”, el querer estar solo, para desahogarse de cualquier forma, llorando o reflexionando, y a lo más sentir la presencia física de aquellas personas más cercanas.

Imagen de Omar González Hurtado
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03 de Mayo, 2014 06:05
FOTO: Galería Flickr (cc) Chema Concellon

Dentro de ciertas conversaciones entre amigos,  parientes o compañeros de trabajo, más de algunas vez se suele decir o escuchar decir eso de que …¡Nadie tiene la vida comprada! Concepto que a mi juicio es relativamente falso, pues ¡SI!, todos tenemos la vida comprada y a plazo fijo y en cómoda cuotas diarias, mensuales o anuales de acuerdo al estándar de vida de cada uno.

Lo que si no sabemos, es ¿cuándo es el vencimiento de tan importantísima compra? ¿cuándo será la última cuota a cancelar? Sin pensar siquiera en que estas últimas cuotas las deban pagar otros.

Para quien escribe, como seguramente muchos pueden pensarlo, es un tema extremadamente poco comentado, poco tocado en nuestra vida diaria, exceptuando aquellos que son adictos, seguidores o partidarios de alguna fe o doctrina de la Iglesia. 

La muerte como tema algunas veces puede ser conversada, pero llegado el momento muy rara vez es asumida y aceptada por el o los familiares que se vean afectados por una desgracia dentro de su núcleo familiar, y  aunque  sea algo natural y lógico como un hecho que sucedió o que nos va a pasar tarde o temprano, indudablemente es una siniestra situación y que alegóricamente es representada mediante un personaje de figura esquelética que lleva una capucha, vestido de negro y  con una larga guadaña en la mano, cuya presencia no es para nadie lejana, y aunque como ya se dijo, es un esquivo tema de conversación por ser una cuestión tétrica, funesta y hasta macabra y en consecuencia nos produce espanto, puede estar ahí,  en forma solapada a través de alguna enfermedad encubada e incurable, o a la vuelta de la esquina en un accidente, o mientras estamos sentado cómodamente en el sillón de nuestra casa. A quien escribe le paso poco, por eso me atrevo a escribir esto sin dejar de sentir un profundo dolor que nos embarga cuando se pierde algún ser querido.

En efecto, hoy como se dice vulgarmente podemos estar vivitos y coleando, gozando de la vida en una infinidad de actividades placenteras, atractivas o laborales, y al poco rato o en cualquier momento, (perdonando la expresión)  podemos estirar la pata y quedar  en estado de “fiambre”.  ¿Quién sabe?

El problema es que para quien le llega la hora,  generalmente no es problema, sobre todo cuando es inesperado, el problema queda para aquellos familiares o parientes más cercanos, que quedan vivos, y no me refiero tan solo a la situación social y económica, sino más bien a las condiciones psicológicas y emocionales en que los sentimientos de pesar, tristeza y desconsuelo suele ser extremadamente grandes y doloroso, es entonces donde se produce una reacción de todos aquellos que rodean al o a los deudos, las palabras de consuelo, van y vienen lo que por lo demás resulta explicable y obvio,  pues cada cual procura aminorar, mermar o disminuir el sufrimiento por la desaparición de un ser querido.

Las palabras entonces brotan por si sola entre la propia familia, los amigos, vecinos y personas muy bien intencionadas que tratan en lo posible de apoyar a los que quedan vivos, diciendo frases que de ser tan repetidas ya se hacen cotidianas y reiterada y molestas, escuchando por ejemplo: no estarás solo, contaras conmigo siempre, él o ella está ahora descansando, él o ella sufre si tu o ustedes están sufriendo, ahora  ella o él está junto a Dios en este momento, piensa que fue para mejor, etc. A lo que se suman la acostumbradas frases de pésame que se repite y va de boca en boca; ayudándote a sentir, sentido pésame, estoy contigo, te acompañamos en tu dolor, lo que sinceramente creo que aquellos que hemos pasado una situación de desgracia, lo único que más queremos una vez que se produce ese fatal desenlace, es “el silencio”, el querer estar solo, para desahogarse de cualquier forma, llorando o reflexionando, y a lo más sentir la presencia física de aquellas personas más cercanas y los que quieran demostrar un cierto afecto, lo cual esto último muchas veces se hace por compromiso, tratando de hacerse ver por los deudos,  lo que es lamentable por cierto pues muchas veces se transforma en un mero trámite formal de representación y nada más que eso.

Pasado cierto tiempo los ascendientes o aquellos que han sido afectado directamente en la desgracia, notaran de manera progresiva, la incierta  soledad o ausencia de aquellos que dijeron una vez: ¡no estarás solo! Entre otras tantas frases hechas y creadas por el hombre como mecanismos psicológico de defensa, a fin de soslayar o aminorar la desventura del sufriente, lo que por lo demás es obvio o razonable, puesto que cada persona debe vivir o continuar su propia vida y enfrentar sus propios quehaceres,  compromisos y responsabilidades habituales.

En cuanto al denominado entierro, el cual ya no es tal, sino más bien debería ser la denominado sepultación o encierro dentro de un pequeño claustro o recinto hecho de cemento escuálido que de seguro con el tiempo se desmoronara y se irá abajo mezclándose entonces: huesos,  polvo, tierra y despojos. ¡Qué trágico y macabro final nos espera!

Por otra parte acompañan al difunto (a) las infaltables flores, las que no tienen ninguna culpa de ser arrancadas del suelo quitándoles la posibilidad de seguir nutriéndose con la savia que sube por sus tallos y que le da la vida, para ir junto al féretro o ser humano que ya no tiene vida. Que contradictoria realidad de vida y muerte conjunta que suceden  casi en forma simultánea y que nadie lo percibe. En este caso nos volvemos a juntar con la naturaleza dentro de una situación de adversidad. ¿Acaso esto no es una situación natural pero que nos da un simple pero profundo motivo de reflexión?  

Al dejar este mundo, BUENO para algunos y MALO para otros, indudablemente que es el punto final de nuestro proceso de vida, en que solemos culpar al destino, a un supuesto Dios que nos llamó a su lado o que le quito la vida a nuestro ser querido, creo que debemos ser objetivos y pensar que nuestro cuerpo también es materia, que tarde o temprano tendrá que dejar de funcionar, y dejar de ser como cualquier cosa material físico, orgánico o vegetal, como cuando una máquina que deja de funcionar y con el tiempo se corroe se oxida y tarde o temprano desaparecerá.

¿Y qué pasa con el alma o con el espíritu? se preguntaran algunos. Si creemos en su existencia como ente  aparte de la materia orgánica,  perfectamente también  podríamos pensar en torno al alma y el espíritu de  animales que mueren y nadie piensa que también podría tener un alma. 

He ahí otra reflexión que nos haría pensar en el más allá y preguntarnos,  ¿realmente existe vida después de la muerte ¿ La respuesta nadie la tiene de manera objetiva y categórica, por cuanto, nadie ha regresado o resucitado después de la muerte, exceptuando aquellos casos que relata el evangelio de cristo, como Lázaro y la hija de Jairo, como de Jesús mismo que a la vista de todos sus apóstoles se dice que volvió a la vida y se elevó al cielo eterno en cuerpo y alma.

Tanto le tememos a dejar de SER, que muchas veces nos preguntamos, ¿la muerte es un castigo o una bendición?....que pasa con aquellos sujetos que mueren habiendo vivido una vida haciendo el mal? , mientras que otros han hecho todo lo contrario durante su corta o larga vida siempre hicieron el bien.   ¿Existirá vida después de la muerte?....¡quizás sí, o quizás No!.   

Todo depende de la FE, de las creencias religiosas o del Ateísmo que niega la existencia de un SER SUPREMO.    Lo cierto es que la muerte es algo inevitable y aquellos que la hemos sentido de cerca, no la podemos asimilar, asumir ni explicar por la vía cognitiva,  racional y lógica, solo queda la especulación, la respuesta relativa, la explicación dudosa que a muchos no nos satisface el hecho que la vida o la muerte solo sea un accidente de trascendencia, por cuanto si  una persona está gravemente enferma y luego se mejora,  por lo general aquello se atribuye a una situación calificada como “milagro”,  lo que igualmente es poco creíble para algunos,  porque es muy posible que la sanidad haya sido solo el producto de algunas condiciones humanas, técnicas y científicas que convergieron en buena forma para que se produzca un feliz resultado, y si estos proceso fallaron, por desconocimiento, o por el poco avance de la ciencia o de la técnica o por el simple error humano,  la muerte entonces es inevitable.  

He ahí que ya estamos habituados a buscar causas naturales, científicas, física o espirituales, atacando muchas veces al procedimiento medico mediante acusaciones que se han dado en llama  “negligencia”.  O buscando mil razones que apuntan tan solo a buscar una eventual conformidad, sin perjuicio de sacar algún provecho personal  si el caso así  supuestamente lo amerita.

En fin el tema siendo extremadamente interesante, es muy poco analizado y discutido, por ello y por haber sufrido recientemente una cercana desgracia que me tiene aún en un estado depresivo lo que le puede pasar a cualquiera, por eso es que me he atrevido a escribir esta nota a fin de motivar al lector hacer un alto en su camino y hacer de esto un motivo de reflexión.

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