Confesión de un papá chocho: Las dudas
Los niños no vienen con manual, y lo único que puedo hacer es ser honesto conmigo mismo, y con el tipo de padre que quiero ser. Por Revista Carrusel
Soy papá… ¡Soy papá!… ¿Soy papá?… Oh, no, soy papá. Léase en distintos tonos y repítase en un ciclo interminable. Así fue cómo me sentí durante los primeros meses desde el nacimiento de mi bebé.
Soy un papá chocho, sí, pero también soy un papá ansioso. No hay nada más precioso para mí en este momento que mi bebé. Él me hace muy feliz. Sin embargo, también me trae muchas preocupaciones y dudas.
¿Seré un buen padre? Me he estado informando sobre cómo debo alimentarlo, cómo debo enseñarle a dejar los pañales, a atarse los zapatos, a vestirse solo. Sé cuántas veces a la semana le debo leer antes de dormir y cómo hacer para que no se levante de la cama en medio de la noche y venga a dormir con nosotros.
Pero hay muchas cosas que las revistas y los libros no enseñan y son esas cosas las que me petrifican. ¿Cómo le enseñaré la importancia de la honestidad y del trabajo? ¿Podré criarlo de tal manera que sea un bueno niño- un buen hombre? Los hijos de mis amigos son tan distintos entre sí: algunos tienen hijos calladitos y tímidos, que no logran sacar el coraje para saludar cuando llegan las visitas. Otros tienen hijos con mucha personalidad, que conversan con los adultos todo el rato, y quieren ser incluidos en nuestras actividades. También están esos hijos, los “llorones”, que hacen un berrinche cada vez que quieren algo y o las cosas no salen como ellos quieren.
¿Qué tipo de niño será mi hijito? ¿Lograré enseñarle que no puede tener todo lo que quiera, sin causarle algún resentimiento o trauma?
Bueno, de nada sirve preguntármelo. La verdad, los niños no vienen con manual, y lo único que puedo hacer es ser honesto conmigo mismo, y con el tipo de padre que quiero ser. No puedo presionarme a mí mismo, tratando de cumplir con un estándar ajeno de lo que es un “buen papá”: las expectativas de mi señora, de mis papás, de la sociedad.
Sé que cometeré errores, y eso me aterra, pero es parte del proceso. Creo que mi hijito me perdonará, y juntos iremos aprendiendo. Es cómo le decía Mafalda a su mamá: “los dos nos graduamos el mismo día”.


