Canal ciudadano: El canal de todos los chilenos

El problema no es en verdad el desarrollo tecnológico que ha tenido el aparato de televisión sino las organizaciones que están detrás.

Imagen de Veronica Grunewald
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14 de Junio, 2013 07:06
Foto Flickr CC/Derek K. Miller

Desde su invención, la televisión ha acompañado  a las familias en gran parte del siglo XX y lo está haciendo este siglo XXI. Desde la grandes cajas de madera conteniendo  complejos sistemas de tubos y otros adminículos que servían para pudiera verse la imagen, hasta los modelos de última tecnología, cuyos precios superan un sueldo mínimo, dos o más.

El problema no es en verdad el desarrollo tecnológico que ha tenido el aparato de televisión sino las organizaciones que están detrás. ¿Por qué es un problema? Lo es desde que alguien sacara cuentas y llegara a la conclusión de sean cuales fueren los programas, la mayoría de la población se sienta frente al televisor un gran número de horas. En ese gran número de horas, a través de las imágenes y discursos asociados a los objetivos se tiene la posibilidad de intervenir y modificar el comportamiento, incidir en gustos, deseos, tendencias, en verdad, lo que se quiera.

En este lado de Occidente, con toda la producción intelectual y académica que hay y los estudios sobre la influencia de los medios de comunicación en la formación de la población las autoridades encargadas de normar los contenidos no se involucraron responsablemente en cautelar qué tipo de programación era posible promover y cuáles de preferencia, omitir o disminuir el tiempo de los mismos en pantalla.

La sociedad es el medio donde los individuos son formados, de acuerdo a lo que la sociedad espera de sus integrantes, para una convivencia en armonía. Gran parte de los medios de comunicación, la televisión entre ellos, son responsables de aquello, mientras conforman parte del lado poderoso de las comunicaciones. Pero los mensajes desde el Norte, plagados de verdaderos desafíos a nuestras sociedades tercermundistas y aspiracionales, comenzaron desde el fin de la segunda guerra mundial, a promover el uso de esta tecnología con programación incluida.

Como el propósito en ese período post-guerra, era mantenernos en orden y leales a los pactos de cooperación, los programas de TV eran definitivamente orientados  a valores, incluso los monos animados. La mayoría de los contenidos llegaban desde el mismo norte promotor de esta tecnología y al incorporarse las estadísticas, comenzaron las mediciones en nuestros países, en donde la existencia de un  televisor en el hogar  era un indicador de mejor calidad de vida o “asignaban” puntos de modernidad. Los países tercermundistas aspiracionales deseaban más que todo, agradar al otro del norte, por lo que promovieron la adquisición de televisores con paquetes de programas  incluidos. Desde Lazzy a Skipy los actores-animales hasta vaqueros e indios, en donde ya sabemos quién era el bueno y quien era el malo.  Así, la sociedad estaba  formando a los individuos que eran necesarios en su sociedad, como distintos agentes. Hasta ahí “todo bien”, el problema es que no pertenecemos al país del norte y en este lado del mundo, sin mediar un programa general de contenidos para la televisión que, sabíamos  iba a incidir en gran  manera en la formación de personas de nuestra sociedad  de la cual somos responsables, comenzamos a repetir esos programas, todo copiado, desde los programas de bailarines hasta el Sábados Gigantes y los noticieros. Todos quisimos ser modernos. A esas alturas, sin televisor en tu casa eras “anticuado”

Y los canales de televisión en la libertad absoluta, optaron por la mínima inversión ofreciendo  a su teleaudiencia toda “cualquiercosa” venida del norte. Nos orientamos a responder a los valores de una sociedad  que no era la nuestra. Con el tiempo, hubo tecnología suficiente y algunos creativos que “habían estado en el norte”  comenzaron a aplicar sus ideas en la televisión local.

Así y a lo largo de los años, la televisión en Chile ha tenido el control sobre lo que vemos los chilenos y chilenas. ¿Hay alguien detrás que ordene esto? Aparentemente nadie, nadie que vele por los contenidos y por la cantidad en pantalla de dichos contenidos. Así, lo que tenemos ahora en los medios de comunicación masivos y más populares no tiene un objetivo o una misión que involucre desarrollo humano, por ejemplo. Todo lo que vemos en el  medio más masivo de comunicación está orientado a entorpecer la capacidad de los individuos de preguntarse por qué sumidos en la pobreza de su entorno ven imágenes que los invitan a consumir lo que no pueden; ven programas donde el vacío es tan grande que se apropió de generaciones enteras.

La televisión, sin que sea controlada por organismos que velen por los intereses ciudadanos,  orientada al circo y la farándula, orientada a lucrar  y a ser productivos,  consciente de su poder, vende a millones el minuto de publicidad, porque sabe que su cautivo público rentará a sus avisadores. Negocio redondo.   

¿No existe acaso un organismo que se encargue de velar por los derechos de las personas, de los niños? Un organismo que regule  los contenidos vergonzosos que abundan en la televisión chilena.  ¿Dónde están? ¿Quién decide por nosotros? La sociedad de queja de los otros, pero los responsables son las instituciones que, conociendo no toman las medidas urgentes necesarias para lograr cambios. Estos cambios no serán inmediatos, pero, si continua este rumbo, nuestra sociedad no tendrá oportunidad de cambio y nos seguiremos preguntando ¿Quiénes somos los chilenos?

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