[Opinión] Apuntes democráticos desde el mundo ciudadano

Lo que pavimenta la democracia, es que por medio de ésta se logre una fiscalización eficaz de lo que hacen los detentores del poder, que podamos contar con una constitución de acuerdo con los intereses de todos y no solo de unos pocos, como ha sucedido en Chile con la Constitución del 80.
Imagen de Andrés Gillmore Evers
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04 de Junio, 2018 20:06
Imagen: Participación CC Wikimedia Commons

Todos sabemos que la democracia no es un formato perfecto ni nada parecido, pero no existe nada mejor para defender la soberanía de la ciudadanía ante el Estado y el derecho irrenunciable de elegir y controlar a los gobernantes y, de esa manera, intentar la obtención de una representación lo más justa y honorable posible. Esto, entendiendo, que la voluntad popular es por sobre todas las cosas un fenómeno ideológico, sustentado en la búsqueda de un objetivo que la mayoría de las veces es subjetivo. Es decir, que se posiciona de acuerdo con el momento que vive la sociedad, que suele moverse por racionalidades no siempre del todo claras y responde a fenómenos que se articulan en los países desarrollados bajo una diversidad de conceptos que se desvirtúan en el mundo subdesarrollado; y, por cierto, en muchos casos son alusiones interpretativas de acuerdo con la realidad que nos toca vivir, que pueden hacernos creer que solucionarán todos nuestros problemas, cuando a lo sumo podrán marcar un camino interpretativo con algo de contenido estratégico.

Lo que verdaderamente pavimenta la democracia, es que por medio de ésta se logre una fiscalización eficaz de lo que hacen los detentores del poder, que podamos contar con una constitución de acuerdo con los intereses de todos y no solo de unos pocos, como ha sucedido en Chile con la Constitución del 80. O sea, para que los elegidos obren con parámetros justos, con ética y sabiduría a la hora de representar y decidir por el Chile de todos y no se queden con el de unos pocos; para que los cambios sociales entran al ruedo democrático, proyectando cambios estructurales y estratégicos. En estas diferencias conceptuales, podríamos fundamentar el porque somos aun un país subdesarrollado.

En estas variables simples, pero radicales, están puestas las complejidades de la problemática del uso del poder en democracia y las relaciones que se proyectan en las diferentes organizaciones y estructuras que componen la sociedad. Lo anterior, sobre todo, si entendemos que los partidos políticos que estructuralmente son la base de la democracia, se han transformado en un escondite ideológico, de un mundo oscuro y subterráneo que no reconoce a la sociedad como un todo, imponiendo la existencia de una diferencia entre los intereses del partido político con los del país, que a su vez tiene diferencias profundas con el fundamento del Estado y con los gobiernos de turno.

En Chile el concepto de democracia se ha utilizado como una estrategia de movimientos de masas, para que unos pocos puedan manipular a unos muchos. Se trata de un proceso que, con el decorrer del tiempo, nos ha transformado en una sociedad desigual, consumista e individualista por definición, con la falsa creencia que en el consumo y en la individualidad encontraremos la satisfacción y obtendremos una democracia plena y satisfactoria. En este falso argumento fundacional de nuestra democracia posmoderna de 1989, se ha enconado gran parte del problema que vivimos en la actualidad y que hace que no podamos liberarnos hacia lo colectivo, que a fin de cuentas es lo que sustenta los países desarrollados.

Un elemento clave de la democracia, es el vínculo estatal-gubernamental en la proyección del bienestar social, que fundamenta la calidad de vida y le entrega la diversidad a las funciones del desarrollo, que ve en la solidaridad una variable vital en la búsqueda de la armonía cultural y política. En Chile, estos conceptos no han ocupado el lugar preponderante y central que debería tener en la toma de decisiones, como principio del debate social. Con el tiempo la democracia chilena ha dejado de lado la búsqueda de la justicia ambiental, social y económica en el entorno territorial de las comunidades, que es lo que  sustenta la democracia y proyecta la sustentabilidad del modelo.

La educación democrática desde los primeros años de escuela, es parte fundamental para la obtención de un desarrollo pleno, participativo y sustentable. El respeto de la diversidad y el trabajo en equipo, va mucho más allá del reciclaje estratégico que muchos ven como solución, sino que nos permita la actualización constante del conocimiento y la asimilación como herramienta eficaz y constitutiva, en la forma de entender la proyección de una democracia.

El trabajo en equipo en todos los estamentos de la sociedad, es determinante para el desarrollo social a través de la creación de la multiplicidad de oportunidades que entrega el verdadero aprendizaje en la sociedad democrática, ante temas que son relevantes para el buen funcionamiento. Si no se cuenta con la colaboración del mundo público, político, comunitario y privado, con evaluaciones permanentes, debates públicos transparentes, solidarios y autónomos, los fundamentos tienden a perder su veracidad, terminan destruyendo la esencia de la democracia que queremos y que buscamos tan afanosamente hace tanto tiempo.

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