Honduras y la OEA: ¿Adiós al Golpe de Estado?

Honduras sigue siendo víctima de una división que comenzó con los eventos del 28 de junio de 2009.

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31 de Mayo, 2011 16:05

Ese día el Presidente Manuel Zelaya Rosales, fue aprisionado por militares y expulsado del país, bajo acusaciones de intentar modificar la constitución para buscar una reelección que le estaba prohibida.

 

Por Bertha Iris Argueta.* ADS

Mucho se ha debatido en Honduras, como en el exterior, sobre estos acontecimientos, que muchos califican como un golpe de Estado, mientras otros justifican lo acontecido invocando las ambiciones del ex Presidente Zelaya.

Aunque las graves consecuencias que estos acontecimientos trajeron para el país fueron superadas en gran medida con la elección de un nuevo Presidente, a finales de 2009, las relaciones con diferentes países y organismos internacionales latinoamericanos no se han restablecido aún; entre estos organismos se encuentra la Organización de Estados Americanos (OEA). Sin embargo, este último está a punto de readmitir en su seno a Honduras, luego que Zelaya y el nuevo Presidente de Honduras, Porfirio Lobo, firmara un acuerdo, en Colombia. Este acuerdo detalla ciertas condiciones que el Estado de Honduras necesita cumplir para ser readmitido en la OEA. Estas condiciones sirvieron para garantizar el regreso de Zelaya a Honduras, quien regresó el pasado 28 de mayo, al servir como base para anular todos los juicios que este tenía pendientes por corrupción; además le asegura a Zelaya derechos que le permitirán ejercer, si así lo desea, funciones políticas en el país. Pero la firma del acuerdo y la subsecuente reincorporación de Honduras a la OEA significan más que eso: el acuerdo ha traído consigo el reconocimiento, por parte de varios países latinoamericanos, del nuevo gobierno hondureño.

La división en la sociedad hondureña se da porque una parte de la población considera que la firma de este acuerdo trae a Honduras más inconvenientes que beneficios. Muchos no logran ver la importancia para el país de participar en la OEA, o de ser reconocidos por países con los cuales las relaciones, sobre todo comerciales, no son de gran importancia. Sin embargo, el regreso de Zelaya es visto como un riesgo para la endeble estabilidad política de la que goza el país actualmente. Por su parte, el Presidente Porfirio Lobo ha venido tratando, desde su elección en 2009, de obtener el reconocimiento internacional, asegurando que este será de gran beneficio para el país, y para ello ha logrado obtener el apoyo de una parte de la población.

Esta división refleja la difícil posición en la que se encuentra el país, con respecto a sus relaciones con los países y organismos de América Latina. Por un lado, la preocupación de aquellos que se han opuesto a las condiciones del acuerdo es válida. Zelaya y sus seguidores han demostrado, desde el inicio de esta crisis y a través de sus discursos y acciones, que están dispuestos a poner en riesgo la estabilidad del país, además de sus propias vidas y las de los demás, para alcanzar sus objetivos. Más allá de esta posibilidad, la idea de otro Presidente más que no es llevado a juicio por corrupción, y al que se le otorga un perdón por estos supuestos  actos, constituye una forma de continuar perpetuando la impunidad de la que ha venido gozando la clase política en Honduras. Por otro lado, Honduras no puede aislarse del resto de América Latina. Es cierto que los beneficios directos de participar en un organismo como la OEA son difíciles de medir; pero es de suma importancia para cualquier país latinoamericano tener una voz que le permita participar activamente en los procesos políticos de la región.

Por esta razón, la firma de este acuerdo era un paso necesario para restablecer por completo las condiciones previas a lo acontecido antes del 28 de junio. Es comprensible  que las condiciones del acuerdo dejen un sinsabor en muchos hondureños, entre los cuales me cuento. Al final, los únicos que han ganado sin sacrificar nada son Zelaya y sus seguidores; estos lograron utilizar la presión ejercida por los países latinoamericanos sobre Honduras para conseguir sus objetivos, que en nada toman en cuenta los problemas o necesidades del país. Sin embargo, esto no significa que Honduras deba permanecer pasiva una vez el acuerdo firmado, y olvidar la crisis que ha venido afectando al país desde junio de 2009. El regreso de Zelaya, y su posible participación en la vida política es un hecho que todos los hondureños debemos aceptar; lo que queda por hacer es tomar medidas individuales y colectivas para evitar que él, o cualquier otro, puedan poner de nuevo al país al borde de une crisis.

*Bertha es licenciada en Economía de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Posee una maestría en Investigación de la Sociología de la Acción de Sciences Po y cursa el Master en Economía de la Agricultura en la Universidad Nacional de Taiwán

Asuntos del Sur es un think tank latinoamericano e independiente compuesto por profesionales de toda América Latina. Constantemente organiza espacios de dialogo en diferentes países y genera herramientas para que quienes participan ofrezcan nuevas respuestas para los desafíos de la región. www.asuntosdelsur.org

 

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