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[Lectura voraz] Avenida Nacional, de Jaroslav Rudiš

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Esta podría ser la historia de un fantasma, del espíritu del último soldado romano del bosque de Teutoburgo, lugar del desastre militar que frenó la expansión de Roma hacia territorios bárbaros, ocurrido el año 9. También podría ser el relato de un loco o de un drogadicto sin remedio. La mayor certeza en “Avenida Nacional” (Tajamar Editores, 2016; 145 páginas), la última novela del escritor checo Jaroslav Rudiš, es que la voz que empuja sus líneas está impregnada de violencia, porque su convicción es que la paz actual en el corazón de Europa es solo una pausa antes de la próxima guerra.

Esa voz le pertenece a Vandam, un “extraño sheriff del norte de Praga”, un tipo duro, que resuelve sus problemas a golpes y que hace doscientas flexiones diarias, emulando al actor Jean-Claude Van Damme, a quien admira.

Lo que cuenta Vandam es una especie de sermón a su hijo sobre cómo es la vida y cómo un hombre debe ir resolviendo sus problemas, enfatizando la necesidad de estar en constante preparación física y espiritual para un inminente combate. Todo esto, sin perder de vista el característico humor checo y la pátina victimizatoria que, según afirma el autor, reviste a este pueblo.

“Nosotros hemos sido víctimas de los nazis y de los rusos, nosotros tenemos derecho a cagarnos de risa de todo eso. Nosotros podemos cagarnos de risa de todo en el mundo. Nosotros siempre hemos sido víctimas. Así que no seas tan sensiblero, es el antiguo saludo de los romanos. No es el saludo nazi. ¡Es el romano!”, dice Vandam, defendiendo en el bar Estrella del Norte el que se pueda hacer este polémico saludo, el del brazo levantado y hacia adelante.

El título del libro alude a una de las principales calles de Praga, en la cual, en noviembre de 1989, tuvo lugar una multitudinaria protesta contra el régimen comunista checo, donde 15 mil estudiantes fueron brutalmente reprimidos por la policía, con una saldo de 600 heridos.

Vandam se jacta de haber participado en la manifestación pero jugará al misterio respecto al bando en que estaba, al tiempo que vive una intensa pero truncada historia de amor, donde tampoco queda fuera la irrupción de la violencia.

A través de monólogos y diálogos que parecen perderse en la nada, “Avenida Nacional” pone sobre la mesa los pensamientos y acciones de un guerrero urbano que ejerce su propia justicia y que vive en permanente desconfianza del otro, del diferente, ya sea gitano, punk, ucraniano, pobre o negro. Así, Vandam está ahí para instalar la sospecha de que la paz en Europa central puede ser solo la fugaz estela de un bote sobre el agua, conjetura para nada descabellada ante el actual resurgimiento de los nacionalismos. 

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