¿Seguimos juntos o cada cual mata sus pulgas?

La falta de decoro en los que hasta hace muy poco se auto proclamaban como custodios de la moral, la tolerancia, del dialogo y la democracia, es realmente un espectáculo lamentable y no le hace bien a nadie. Por Matïas Carrozzi.
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20 de Enero, 2010 16:01


Dijimos hace semanas que después de la derrota muchos de los dirigentes de la Concertación saldrían a señalar con el dedo a los culpables del naufragio, que las recriminaciones no tardarían en surgir y, conforme a los intereses de cada cual, se apurarían en diseñar un discurso a fin de erigirse como los líderes de la nueva etapa de la izquierda chilena; pero debo reconocer que jamás anticipé tal nivel de violencia y deseos de autodestrucción. La falta de decoro en los que hasta hace muy poco se auto proclamaban como custodios de la moral, la tolerancia, del dialogo y la democracia, es realmente un espectáculo lamentable y no le hace bien a nadie.
Juan Carlos Latorre, a pesar de su legitimo orgullo de haber conseguido resultados bastante razonables en las pasadas elecciones congresistas, tiene la escoba en la DC. Los jóvenes, quizás envalentonados por el creciente liderazgo de Claudio Orrego y sus príncipes, se tomaron nada menos que el cuartel general de la falange, exigiendo la inmediata renuncia del Diputado a la dirección nacional. ¿Cuál fue la respuesta de Caco?. La culpa es del PS. Es decir, cero autocrítica, demostrando que está decidido encabezar la disputa por las pocas plazas de poder formal que quedan disponibles a partir del 11 de marzo, entre ellas, la presidencia del Senado, donde proyectan colocar a la Soledad Alvear. Sería lógico además que este partido intente volver al centro político.
En el claustro del Partido Socialista las cosas no están mejor. Camilo Escalona está atrincherado y dominado por un indecoroso silencio, mientras sus militantes se agarran a puñetazos. Sus adversarios se multiplican como los bichos del yogurt y se abalanzan a exigir que cumpla su palabra de renunciar, al paso claro de proponerse algunos como su sucesor. Este fin de semana es clave para el futuro del PS y todo indica que la lucha entre el laguismo y el bacheletismo será descomunal. Camilo intentará dilatar los cambios hasta cerciorarse de colocar a los suyos en los cargos de relevancia, que como en la DC, sería el caso también de la presidencia de la Cámara de Diputados y anular a como de lugar los intentos de Marco Enríquez-Ominami por convertirse en el nuevo líder del sector. Todo para proteger y favorecer la repostulación de Michelle Bachelet el 2014.
Por su parte, el Senador Gómez vuelve a dirigir al radicalismo, esto gracias a que el concejo de dicho partido determinó rechazar su renuncia. Pero esta medida, también resistida por militantes y simpatizantes, vino acompañada de una declaración asombrosa: Los radicales determinaron que la culpa de la derrota electoral es de Bachelet, dejando en el aire la tesis de que su lejanía de los partidos y la porfía de aceptar sus sugerencia, por ejemplo, en el reconocimiento de la deuda histórica de los profesores, influyó en el fracaso de la Concertación. Queda claro entonces que los esfuerzos de Gómez estarán puestos en desacreditar a los otros eventuales adversarios en la carrera por ser el líder de la oposición y posterior postulación a La Moneda.
Con tanto alboroto, el trabajo por instituirse como el líder del mañana tiene ocupados a varios en lo que será, con absoluta certeza, una oposición rigurosa y catete. Su esperanza se funda en que ningún bloque tiene la mayoría en el Congreso, lo que obligaría a Gobierno a buscar acuerdos en un sin fin de materias, y en que la eventual promulgación de la ley electoral que incorporará automáticamente a más de tres millones de personas al padrón, encarnan retos y oportunidades de importancia para las elecciones futuras. El problema para ellos es que la Coalición por el Cambio tendrá acceso a muchísima información reservada de estos 20 años de administración concertacionista, lo que podría convertirse en el epilogo de muchos de los que hoy diseñan su cambio de switch.
La competencia electoral y política con un padrón renovado supone además incorporar al discurso materias hasta el minuto resistidas por todos y pese a lo que muchos especulan será uno de los caballitos de batalla de la oposición, me refiero a la eliminación del sistema binominal, hay una probabilidad de que este tema quede fuera del discurso, simplemente porque no resulta muy sexy probar un nuevo método a riesgo de salir aún más debilitados.
En este sentido, veo más factible la promoción de organizaciones de carácter ciudadano, avocados a la promoción y defensa de sus intereses específicos, que al nacimiento de un sólo bloque que reúna a todos. Es decir, la pregunta que debería estar atormentando a muchos, espero, es si conviene mantener viva una coalición política llena de fantasmas o, por el contrario, conviene reagruparse en partidos que coordinen de mejor manera el reclamo de un Chile distinto.

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