Todas las penas del triunfo de la democracia
La democracia triunfa, pero es una democracia hecha añicos. Por Daniel Carrillo
“La democracia triunfa, pero es una democracia hecha añicos”, señala sin pelos en la lengua Pierre Calame en las páginas de “Hacia una revolución de la gobernanza”. Eso sí, el autor no se queda en lamentos y presenta una serie de propuestas.
“La puesta en escena televisada de las divergencias entre candidatos a puestos políticos no logra disimular, ante los ojos de un público cada vez más atento, ni la ausencia de perspectivas ni la estrechez de los márgenes de maniobra”.
Lo parece, pero no lo es. A pesar de las similitudes, el párrafo inicial no forma parte de un diagnóstico de la realidad preelectoral de nuestro país, sino que es un botón de muestra del desgaste que hoy sufre la política a nivel global.
"La democracia triunfa, pero es una democracia hecha añicos", continúa un lapidario Pierre Calame en las primeras páginas de “Hacia una revolución de la gobernanza” (web), cuya segunda edición en castellano fue publicada este año por Lom.
De la revolución del proletariado a la revolución del partenariado
Curiosamente, en una época de continuas revoluciones (económicas, científicas, tecnológicas) invocar este término en medio de la arena política puede sonar a trasnochada utopía. Sin embargo, para el autor parece ser la única solución al desfase que sufre la institucionalidad y la acción pública en el nuevo escenario de mundialización e interdependencia a escala planetaria.
Por lo mismo, como reza el subtítulo de este libro, se hace necesario “reinventar la democracia”, y no seguir “pensando el mundo del mañana con las ideas de ayer”, ni continuar administrándolo “con las instituciones de anteayer”.
Magna tarea, sin duda, para cuya realización Calame propone una serie de puntos entre los cuales resalta su noción de partenariado entre los actores de la sociedad y los poderes públicos. Esto es, una nueva forma de alianza estratégica que tienda a la cooperación y resucite el aparentemente olvidado contrato social que hoy ya no sólo conlleva responsabilidades directas, sino que también entre lo local y el resto del mundo e, inclusive, hacia las generaciones futuras. Se habla, entonces, de que los actores puedan existir y constituirse como parte involucrada.
Bajo esta lógica, la gobernanza –cuya función principal es “construir y dar cohesión a la comunidad”- no sólo tiene que cumplir con una prueba de legalidad, sino que también debe ser legítima ante la propia organización social.
Y se vuelve imprescindible, además, repensar la naturaleza misma de los bienes y servicios como primer paso para reflexionar sobre la relación entre mercado y acción pública. “No podemos tratar de igual manera los bienes que se destruyen al compartirse (tal como los ecosistemas), los bienes que existen en cantidad limitada (como los recursos naturales), los bienes resultantes de la industria humana pero que se dividen al compartirse y, por último, los bienes que se multiplican al compartirse. La eficacia y la legitimidad del mercado son poco discutibles para la tercera categoría, pero las otras tres tienen lógicas distintas”, advierte Calame.
Sobre el autor:
Pierre Calame es egresado de la prestigiosa École Polytechnique de Francia, universidad politécnica que proporciona algunos de los altos funcionarios del Estado francés. Hizo carrera en la administración pública, principalmente en el Ministerio de Infraestructuras y Equipamiento y también tuvo un breve paso por el sector industrial.
Fue consultor en la Dirección de Asuntos Económicos Internacionales e investigador del Centro de Estudios e Investigaciones sobre la Ordenación Urbana.
Asumió como director de la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano, desde la cual ha generado una trabajo de reflexión que vincula teoría y acción en temas políticos y de reforma del Estado. Ya suma cerca de 50 documentos publicados sobre esta materia.
“La puesta en escena televisada de las divergencias entre candidatos a puestos políticos no logra disimular, ante los ojos de un público cada vez más atento, ni la ausencia de perspectivas ni la estrechez de los márgenes de maniobra”.
Lo parece, pero no lo es. A pesar de las similitudes, el párrafo inicial no forma parte de un diagnóstico de la realidad preelectoral de nuestro país, sino que es un botón de muestra del desgaste que hoy sufre la política a nivel global.
"La democracia triunfa, pero es una democracia hecha añicos", continúa un lapidario Pierre Calame en las primeras páginas de “Hacia una revolución de la gobernanza” (
De la revolución del proletariado a la revolución del partenariado
Curiosamente, en una época de continuas revoluciones (económicas, científicas, tecnológicas) invocar este término en medio de la arena política puede sonar a trasnochada utopía. Sin embargo, para el autor parece ser la única solución al desfase que sufre la institucionalidad y la acción pública en el nuevo escenario de mundialización e interdependencia a escala planetaria.
Por lo mismo, como reza el subtítulo de este libro, se hace necesario “reinventar la democracia”, y no seguir “pensando el mundo del mañana con las ideas de ayer”, ni continuar administrándolo “con las instituciones de anteayer”.
Magna tarea, sin duda, para cuya realización Calame propone una serie de puntos entre los cuales resalta su noción de partenariado entre los actores de la sociedad y los poderes públicos. Esto es, una nueva forma de alianza estratégica que tienda a la cooperación y resucite el aparentemente olvidado contrato social que hoy ya no sólo conlleva responsabilidades directas, sino que también entre lo local y el resto del mundo e, inclusive, hacia las generaciones futuras. Se habla, entonces, de que los actores puedan existir y constituirse como parte involucrada.
Bajo esta lógica, la gobernanza –cuya función principal es “construir y dar cohesión a la comunidad”- no sólo tiene que cumplir con una prueba de legalidad, sino que también debe ser legítima ante la propia organización social.
Y se vuelve imprescindible, además, repensar la naturaleza misma de los bienes y servicios como primer paso para reflexionar sobre la relación entre mercado y acción pública. “No podemos tratar de igual manera los bienes que se destruyen al compartirse (tal como los ecosistemas), los bienes que existen en cantidad limitada (como los recursos naturales), los bienes resultantes de la industria humana pero que se dividen al compartirse y, por último, los bienes que se multiplican al compartirse. La eficacia y la legitimidad del mercado son poco discutibles para la tercera categoría, pero las otras tres tienen lógicas distintas”, advierte Calame.
Sobre el autor:
Pierre Calame es egresado de la prestigiosa École Polytechnique de Francia, universidad politécnica que proporciona algunos de los altos funcionarios del Estado francés. Hizo carrera en la administración pública, principalmente en el Ministerio de Infraestructuras y Equipamiento y también tuvo un breve paso por el sector industrial.
Fue consultor en la Dirección de Asuntos Económicos Internacionales e investigador del Centro de Estudios e Investigaciones sobre la Ordenación Urbana.
Asumió como director de la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano, desde la cual ha generado una trabajo de reflexión que vincula teoría y acción en temas políticos y de reforma del Estado. Ya suma cerca de 50 documentos publicados sobre esta materia.
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El concepto de gobernanza
El concepto de gobernanza sin duda será el eje de la política del presente y el futuro.
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